Con el índice de semiconductores SOXX entrando en territorio técnico “bajista”, tras una corrección del 20% desde sus máximos del pasado junio, y con algunos valores tan emblemáticos como IBM o Marvell cayendo más del 20% en las últimas cinco sesiones, la pregunta obligada es si estamos a las puertas de una corrección mayor o, dicho de otra forma, si estamos por fin ante el pinchazo de la presunta burbuja de la inteligencia artificial que han venido anunciando analistas tan exitosos como Michael Burry, Jeremy Grantham, Ray Dalio o incluso Jamie Dimon y el Banco de Pagos de Basilea (BIS), entre otros. Y, en caso de respuesta afirmativa, hay que preguntarse también si la eventual sacudida de las compañías de semiconductores y de almacenamiento de memoria va a contagiarse al resto de las tecnológicas o, yendo un paso más allá, a la bolsa en su conjunto, incluyendo los sectores más tradicionales.
La pregunta es muy oportuna tras una segunda semana de julio en la que las empresas de semiconductores han sufrido una fuerte convulsión, con su índice SOXX cayendo un 10% y entrando de lleno, como decíamos, en “bear market”, y en la que se han acelerado las caídas en algunos de los valores que habían protagonizado alzas históricas en el primer semestre y que son, por tanto, símbolos de uno de los mercados alcistas más espectaculares que se han conocido en la historia. La compañía líder en semiconductores, Nvidia, ha caído casi un 4% en la semana y ha llegado a perder momentáneamente su posición como empresa más valiosa del mundo en favor de Apple; Taiwan Semiconductor (TSMC) ha caído un 8,2% en la semana tras anunciar que su beneficio ha subido un 77% respecto al año pasado; Broadcom ha caído un 7,3%; la ya citada Marvell, un 20%; Intel, un 13,5%; Micron, un 13,3%; la coreana SK Hynix, un 8,3%; AMD, un 11%, y ARM Holdings, un 17,4%. En Europa, ASML, que subió inicialmente un 6% tras presentar unos magníficos resultados, ha acabado la semana cayendo un 2%.
Son grandes nombres, empresas emblemáticas, que hasta hace poco no paraban de subir. Aunque parezca en cierto modo lejano, en fecha tan reciente como el 30 de junio, los titulares reflejaban que las empresas de semiconductores habían cerrado el mejor semestre de su historia. En ese momento, Micron acumulaba un 300% de ganancia en el año; Intel, un 200%; Marvell, un 227% y ARM, un 214%. La sensación, por tanto, de un pinchazo de la burbuja con riesgo de contagio al resto de la bolsa está, a la vista de lo anterior, justificada.
Sin embargo, si miramos a los índices, los recortes son bastante más moderados y la sensación de descalabro se desvanece. El Dow Jones ha bajado tan solo un 0,9% en la semana y se mantiene por encima de los 52.000 puntos; el S&P ha bajado un 1,5% y está en el entorno de los 7.500 puntos, y el Nasdaq ha bajado un 2,5%, pero mantiene los 25.000 puntos. En Europa, el Eurostoxx ha bajado en la semana un 0,6%; el Dax y nuestro Ibex, un 0,9%, y el Cac francés ha quedado plano. Son descensos bastante moderados, sobre todo en una semana en la que el petróleo, tanto el Brent como el WTI, ha subido nada más y nada menos que un 14% al haber vuelto la inestabilidad al estrecho de Ormuz.
Las caídas moderadas de los índices se explican porque ha habido grandes valores que lo han hecho bien. Por ejemplo, los bancos americanos, que han presentado buenos resultados trimestrales y han subido (JPMorgan, +1,4% en la semana; Bank of America, +2,7%; BlackRock, +3,5%; Wells Fargo, +0,4%, y Goldman Sachs, +1%); las energéticas (Exxon, +6,1% en la semana; Total, +3%, y Repsol, +6%) y algunas de las 7 magníficas, como Apple, que cerró el pasado viernes en máximo histórico de todos los tiempos, con un “market cap” de 4,902 billones de dólares (trillions), solo un poco por debajo de los 4,908 billones de Nvidia. Otra de las siete magníficas, Microsoft, ha subido un 2,2% la semana pasada, y Amazon, un 0,77%.
También ha ayudado la inflación de junio de Estados Unidos, que ha caído al 3,5% desde el 4,2% de mayo. Cabe pensar que tal vez la Fed no se verá tan obligada a subir los tipos en su reunión del 29 de julio. En esta línea, Kevin Warsh, en su comparecencia de la semana pasada ante el Senado, dijo que “la Fed no tolerará una inflación elevada” pero, a la vez, aseguró que “el repunte inflacionario de los últimos cinco años será cosa del pasado” gracias a la innovación tecnológica. La idea de Warsh es que la Fed será independiente de Trump, pero podrá bajar los tipos, como quiere Trump, porque no habrá una inflación alta.
Volviendo a las compañías de semiconductores y a las tecnológicas en general, ¿estamos a las puertas de un “crash”?
Aun a riesgo de equivocarnos, pensamos más en una corrección ordenada de los excesos que en un “crash”. Y un argumento para pensar así es lo que algunos llaman ya el nuevo “Proyecto Manhattan” del siglo XXI. La idea, elaborada en el libro The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (2025), de Alex Karp (CEO y cofundador de Palantir) y Nicholas Zamiska, es que, así como en los años 50 y 60 la financiación del Pentágono ayudó a impulsar el crecimiento de Silicon Valley, cuyos proyectos tempranos servían a intereses nacionales, ahora Silicon Valley y el Gobierno americano deben aliarse de nuevo para ganar la batalla de la IA y de la computación cuántica, sirviendo así esa alianza a Occidente (léase EE. UU.) en su lucha contra el resto del mundo (léase China). Figuras como Eric Schmidt, antiguo CEO de Alphabet, o el historiador Niall Ferguson, entienden que el libro es un manifiesto para revivir la colaboración entre el Gobierno y la industria tecnológica, en defensa de los intereses nacionales de Estados Unidos, al estilo del Proyecto Manhattan o de los programas espaciales. Si esto es así, el apoyo de Washington y del Pentágono a compañías como IBM, Oracle, Nvidia y todas las demás va a ser real, como ya se vio, por ejemplo, en los subsidios dados a IBM el pasado mayo.
Esta semana presentan resultados Alphabet, Tesla, Intel, Blackstone, Charles Schwab, Interactive Brokers, Volkswagen o Total, entre otras muchas compañías, y hay reunión del BCE, aunque no se espera mucho de ella. Pero la atención estará centrada en ver si sigue o no la corrección de los semiconductores.
En ese contexto, esperaríamos una cierta estabilización de las bolsas.
Juan Carlos Ureta Domingo