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La peor combinación posible de inflación y crecimiento golpea a las Bolsas


Juan Carlos Ureta Domingo
(Presidente De Directorio)

19 sep 2022

Como era de esperar, el comportamiento de las Bolsas ha girado esta última semana en torno al dato de la inflación americana de agosto, publicado el pasado martes, que fue realmente demoledor. Pero a la inquietud sobre la inflación se ha sumado también, en esta ocasión, la preocupación sobre el crecimiento, al haber recibido los inversores algunas noticias no precisamente buenas sobre la evolución de las ventas minoristas y del comercio global.

Las Bolsas se han visto así sometidas, en muy pocos días, al doble fuego cruzado de una inflación que, desafiando todas las expectativas, no acaba de ceder y de un crecimiento menguante, que todo apunta a que derivará en una recesión, siendo la única duda la intensidad de esa recesión.

La inflación americana de agosto cayó como un jarro de agua fría en unas Bolsas que, tras haber superado en el caso del S&P la media histórica de las últimas 50 sesiones, ya empezaban a saborear un fin de año alcista. Las caídas en la sesión del martes superaron el 5% en el Nasdaq y el 4% en el S&P, al revisarse drásticamente al alza las expectativas de subidas de tipos por parte de la Fed. Para hacernos una idea de la magnitud del desastre en las acciones tecnológicas, es bueno recordar que en la sesión del martes, Meta (Facebook) y Nvidia cayeron más de un 9% y Amazon cayó un 7%.

El Nasdaq se ha convertido así en el peor índice de la semana, con una caída del 5,5% frente a la del 4,8% del S&P o la del 1,95% del Eurostoxx. Es también el peor índice del año, con una caída acumulada desde el uno de enero del 26,8% frente al 18,7% que cae el S&P o el 18,6% que cae el Eurostoxx.

Esas caídas en las tecnológicas se explican por la alta probabilidad de que la subida de tipos en la reunión de este próximo miércoles 21 de septiembre sea del 1% y no del 0,75%. El mercado entiende que esa probabilidad ha pasado de cero a casi el cien por cien y, en consecuencia, los tipos del bono americano a 2 años han terminado la semana muy cerca ya del 4% (el viernes cerró en el 3,87%), un nivel realmente impensable cuando empezó el año. Recordemos que el año pasado por estas fechas, el bono a 2 años americano estaba en un tipo de interés del 0,21% y que, más recientemente, en la crisis de junio, no se pasó del 3,5%.

Pero, como decíamos, la pésima inflación de agosto no ha sido el único mal dato que han tenido que soportar los inversores esta última semana. El jueves se publicaron las ventas minoristas americanas de agosto y, aunque batieron las expectativas, la realidad es que fueron negativas respecto a julio excluyendo automóviles, una señal de que el consumidor norteamericano empieza a notar el impacto de la subida de precios y la desaceleración de la economía.

Pero, sin duda, la peor noticia vino el viernes, cuando Raj Subramaniam, CEO del gigante global de transporte y mensajería FedEx, no solo publicó unos resultados preliminares claramente por debajo de las expectativas, justificándolos en un descenso global de los envíos marítimos, sino que, además, vaticinó una recesión mundial para los próximos meses, y dijo que las pobres cifras de FedEx no eran sino un reflejo de la situación general del resto de sus competidores. La cotización de FedEx recortó un 22% en la sesión, pero lo más importante es que su perturbador pronóstico envío a los inversores señales muy negativas sobre el crecimiento futuro de la economía.

Lo cierto es que la debilidad del comercio mundial, en gran parte provocada por el estancamiento de China, se viene ya reflejando en los precios de las materias primas y de los fletes marítimos, como ya hemos dicho en varios comentarios de este verano. Las tarifas de envío de contenedores entre Shanghái y Los Ángeles han caído el 60% desde sus máximos a lo largo de los últimos meses, y todas las materias primas, desde el petróleo y los minerales industriales (cobre, aluminio?) hasta el trigo, que acumulaba ya a fin de agosto tres meses consecutivos de caídas, han recortado sensiblemente desde máximos.

Este es el escenario al reunirse la Fed esta semana, un escenario que no difiere demasiado del que trazó Jerome Powell en Jackson Hole el pasado 26 de agosto, cuando dijo, literalmente, que el control de la inflación pasa necesariamente por una fase de crecimiento por debajo del potencial (?reducing inflation is likely to require a sustained period of below-trend growth?). Añadiendo que también es necesario un cierto deterioro del mercado laboral (?some softening of the labor market?).

A nivel técnico, el S&P no ha podido mantenerse por encima de la media móvil de 50 sesiones, un nivel que había superado la semana pasada, y ahora los 3.800 puntos se convierten en el nivel clave para ver si el S&P se va o no por debajo de los mínimos de junio, cuando el S&P llegó a 3.636 puntos. Que el S&P baje o no de ese nivel va a depender en el corto plazo de lo que haga y diga la Fed este miércoles, y en el medio plazo de los resultados empresariales del tercer trimestre que se publicarán a partir de octubre.

Si tuviésemos que dar un pronóstico, y somos conscientes de que hacerlo es correr un riesgo máximo de equivocarse, diríamos que la Fed probablemente no va a tensar la cuerda más allá de lo necesario y, por tanto, tenderíamos a pensar (insistimos que a riesgo de equivocarnos) en una subida del 0,75%, que sería la tercera consecutiva de ese importe tras las de junio y julio.

Como decíamos la semana pasada, es altamente probable que, en el catorce aniversario de la quiebra de Lehman, la Fed recuerde lo mucho que costó reparar los daños generados por la caída de Lehman y llegue a la conclusión de que, riesgos morales aparte, en general, el coste de evitar la caída es menor que el de reconstruir lo que se ha roto.

Si esto fuese así, probablemente las Bolsas se sentirán algo menos presionadas a corto plazo, pero quedaría pendiente la presentación de los resultados empresariales del tercer trimestre, y es ahí donde vemos una alta probabilidad de que las Bolsas sufran un ajuste adicional, que podría llevarlas a niveles de suelo definitivo en la corrección, con un recorte desde máximos del entorno del 30%. Una caída adicional a partir de esos niveles solo se justificaría por una situación excepcionalmente negativa, una especie de ?momento Lehman? que, por supuesto, puede venir (la semana pasada señalábamos algunos posibles candidatos a provocar ese momento Lehman) pero, por su propia naturaleza, es imprevisible.

Esta semana todo depende de la Fed y si partimos de que la Fed desea una corrección ordenada de las Bolsas, deberíamos pensar en una semana de tranquilidad después de la tormenta provocada por el dato de inflación de agosto, pero a medio plazo queda ajuste en el S&P y no podemos excluir que la Fed precipite ese ajuste, aun a riesgo de desestabilizar los mercados.

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