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Nuevos frentes junto a la inflación y el crecimiento


Juan Carlos Ureta Domingo
(Presidente De Directorio)

11 oct 2021

A medida que avanza la reapertura de las economías, van apareciendo las pequeñas o a veces no tan pequeñas dificultades a las que se enfrenta no solo esa reapertura sino, sobre todo, la gran transformación de la economía que los policy makers han diseñado para el mundo, una vez se vaya superando la pandemia.

La idea inicial, que sigue vigente, es que el Covid es una gran tragedia, pero nos da la oportunidad de cambiar el mundo hacia un modelo de crecimiento más digital, más verde, más sostenible y más impregnado de valores sociales y humanos. La financiación de esa "gran transformación" estaría garantizada por los Bancos Centrales y la ejecución de la misma estaría liderada por los grandes programas públicos, como, en Europa, el Next Generation, un plan que supone en el caso de España, una inyección de dinero equivalente nada más y nada menos que al 12% del PIB.

A lo largo del verano y de forma más clara en septiembre han ido apareciendo algunas nubes en ese horizonte despejado, y esas nubes ponen en cuestión lo que las Bolsas habían venido descontando, a saber, un crecimiento bien orientado y perpetuo, alimentado por el combustible del dinero de los Bancos Centrales, y además sin tensiones de inflación.

Las primeras dudas surgieron ya en febrero con la inflación. El final de los confinamientos provocó un repunte de los precios que en principio se consideró "transitorio", pero que ya de forma clara está pasando a ser visto como persistente y duradero. Como decíamos la semana pasada, la subida de las materias primas y la crisis energética han terminado de convencer a todos de que al decir "transitorio" estamos hablando no de unos pocos meses sino seguramente de unos cuantos trimestres o incluso años.

La fuerte subida de los salarios por hora que refleja el informe de empleo de septiembre en Estados Unidos, publicado el viernes pasado, confirma que el alza de los precios está ya pasando a los salarios, lo cual hace pensar en efectos de segunda ronda y en un carácter más estructural de la inflación. Posiblemente eso y la subida persistente del petróleo (los futuros del crudo ligero americano han superado en los últimos días los 80 dólares) es lo que está reflejando la subida de los tipos de los bonos a largo plazo, con el tipo de interés del T bond (bono del Tesoro americano a diez años) en el 1,61% y con el tipo del bund alemán cerca de estar en positivo (el viernes cerró en -0,15% muy lejos ya del -0,70% que llegamos a ver hace unos meses).

A la vez han ido apareciendo dudas sobre el crecimiento económico, alimentadas sobre todo por la clara desaceleración de la economía china, pero también por algunos malos datos en EE.UU. y en la zona euro. El ya citado informe de empleo americano de septiembre es una nueva muestra de que la fortaleza de la reactivación puede no ser tan grande como estaba previsto. La economía americana creó tan solo 194.000 empleos en septiembre, la menor cifra mensual este año, y muy por debajo de las estimaciones, que apuntaban a una creación de al menos medio millón de puestos de trabajo. Aunque es verdad que la cifra de empleos de agosto se revisó al alza y que la tasa de paro bajó al 4,8%, en parte por la caída de la participación de las mujeres en el mundo laboral, lo cierto es que el mercado de trabajo no muestra el vigor que cabía esperar en una recuperación sólida de la economía. La impresión de muchos analistas es que tal vez hayamos visto el pico de crecimiento en el segundo trimestre. Y la propia Directora del FMI, Kristalina Georgieva, en una conferencia en la Universidad Bocconi de Milán advirtió el martes pasado de que la recuperación será renqueante especialmente en los países emergentes, y que el crecimiento será algo más moderado este año.

Pero junto al crecimiento y a la inflación aparecen nuevos frentes de inquietud. El pasado lunes, Facebook debía hacer frente a una comparecencia de una antigua empleada suya afirmando que la red social por excelencia pone sus beneficios muy por encima del interés de los clientes y de la sociedad en su conjunto. Comparecencia que, unida al parón que sufrieron WhatsApp, Instagram y la propia Facebook durante varias horas, provocó una caída de su cotización de casi el 5% en la sesión. Lo importante no es tanto el caso particular de Facebook sino lo que significa para el modelo de transformación digital, y en general para el modelo de sociedad, que se están diseñando tras la pandemia.

Fascinados por la forma en la que las grandes tecnológicas nos están cambiando la vida, hemos aceptado sin ningún tipo de crítica el enorme poder que esas tecnológicas ejercen sobre la sociedad y sobre el conjunto de la economía, sin caer en la cuenta de que un fallo de esas plataformas, como el que el pasado lunes sufrieron Instagram y WhatsApp, o una gestión incorrecta de las mismas por parte de sus directivos, podría tener consecuencias muy perjudiciales para todos. Además, hemos aceptado y fomentado que las compañías tecnológicas adquieran un desmesurado valor (las cinco grandes son ya casi la cuarta parte de la capitalización del S&P), generando así enormes fortunas que, estén o no justificadas desde el punto de vista del análisis fundamental, generan una inevitable sensación de desigualdad entre las personas que no pertenecen a esa nueva élite digital.

China, en cierto modo, y desde una óptica propia de un gobierno comunista, y por tanto muy diferente a la que podamos tener en Europa o en EE.UU., se ha adelantado a poner encima de la mesa algunas cuestiones en torno al poder de las grandes tecnológicas, y también en torno a la desigualdad y al apalancamiento de algunos sectores, en particular del sector inmobiliario. Bajo el "mantra" de la necesidad de garantizar una "prosperidad común" o, dicho en su versión occidental, un bienestar general, se ha puesto en revisión todo el modelo de capitalismo de Estado creado en las últimas décadas en China.

No entramos a valorar esas medidas del Gobierno chino, pero lo que es indudable es que abren un debate que ya ha llegado a Europa y a EE.UU. Como ya hemos dicho, lo sucedido el pasado lunes con Facebook es una buena muestra de que se empieza a poner en cuestión el modelo de sociedad digital aceptado de forma tan entusiasta tras los confinamientos, e igualmente cabe esperar que se cuestione cada vez más la desigualdad creciente entre quienes son propietarios de activos, sobre todos de activos tecnológicos, y quienes viven de un salario?.

Las dos crisis que han inquietado a las Bolsas estas últimas semanas, la inmobiliaria (caso Evergrande) y la energética, son crisis de "vieja economía", como del siglo pasado. Sin embargo, la que ahora empieza a dibujarse con las grandes tecnológicas es, de confirmarse, una crisis muy del siglo XXI, incluso muy post Covid, ya que afecta al modelo de sociedad digital que deseamos para el futuro.

De momento, el Nasdaq acumula una caída del 3,5% en las cuatro últimas semanas y ha quedado plano la última semana, frente a subidas del 1,2% en el Dow Jones, del 0,8% en el S&P y del 0,9% en el Eurostoxx. En nuestra opinión, es importante que las tecnológicas se unan a las alzas para que S&P retome claramente la senda alcista. De momento, esta última semana el S&P ha logrado estabilizarse, tras un inicio de la semana realmente malo, pero la volatilidad creada por el triple frente de la inflación, el crecimiento y la revisión del modelo de las tecnológicas puede tener una continuidad en las próximas semanas.

Esta semana hay datos importantes como la inflación de septiembre en EE.UU. y en China, las ventas minoristas de septiembre y la confianza del consumidor americano de la Universidad de Michigan. Pero, sobre todo, se inicia la temporada de resultados empresariales del tercer trimestre con los grandes bancos americanos como JP Morgan, Citi, Bank of America, Goldman Sachs o Morgan Stanley, y otras importantes compañías como, por ejemplo, Louis Vuitton (LVMH) o Taiwan Semiconductors, reportando sus cifras.

Aplazado el techo de deuda por el Congreso americano hasta diciembre, esperaríamos una nueva semana de consolidación, sin grandes movimientos y en todo caso con ligera tendencia hacia la corrección, sobre todo si los resultados empresariales no sorprenden al alza.

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