Las buenas sensaciones de las bolsas, a las que nos hemos venido refiriendo en los dos últimos comentarios, se han traducido en una tercera semana de abril que, contra todo pronóstico, ha resultado ser explosivamente alcista en las bolsas americanas. La combinación de un buen inicio de la temporada de resultados empresariales y de ciertos avances en la resolución del conflicto de Irán ha llevado al S&P y al Nasdaq a nuevos récords históricos sucesivos el miércoles, el jueves y el viernes, que les han permitido situarse por encima de los 7.100 y de los 24.400 puntos, respectivamente. Las tecnológicas han sido el motor de las alzas, con el Nasdaq protagonizando su mayor racha de días seguidos de ganancias desde 2009, al subir 13 días seguidos y marcar nueve máximos históricos consecutivos.
Son datos espectaculares, sobre todo en una semana que empezaba la madrugada del pasado lunes con cierta ansiedad y con fuertes descensos de los futuros del S&P en la noche asiática, tras el fracaso de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Islamabad. La ansiedad ha ido cediendo con el paso de los días y el llamado “índice del miedo”, el VIX, cerraba el viernes en 17,5 puntos, un nivel similar al de antes de empezar el conflicto de Irán, tras haber caído un 9% en la semana.
Una vez más, las continuas sorpresas de Trump, a las que nos referíamos en nuestro último comentario, han tenido mucho que ver en ese buen tono del cierre semanal, al haber conseguido que Irán anunciase el viernes la apertura del estrecho de Ormuz, lo que provocó el desplome inmediato de casi el diez por ciento del petróleo. El Brent terminó la sesión por debajo de los 90 dólares y el crudo ligero americano por debajo de 85 dólares, lo que les hace perder en ambos casos un 14% en el último mes.
Pero no es solo esta última semana. Han sido realmente las tres últimas, en las que el S&P ha subido consecutivamente más de un 3% (un 3,3%, un 3,5% y un 4,5%), algo que desde 1950 solo ha hecho tres veces, y esta es la tercera. En definitiva, las bolsas han vuelto al nivel previo al conflicto de Irán y el petróleo va camino de hacerlo a marchas aceleradas. Parecería, por tanto, que nada ha pasado y que están resueltos los problemas, o al menos así parecen leerlo los mercados. Pero ¿es realmente así o estamos ante una lectura demasiado complaciente de los mercados?
Hemos venido sosteniendo que la guerra de Irán no es un factor realmente tan estructural para los mercados y que no tiene una importancia tan sistémica como la que le atribuye la opinión dominante entre los analistas. No queremos quitarle importancia, sobre todo si por lo que sea las cosas se van de control, pero la realidad es que ni el estrecho de Ormuz es ya tan relevante, dado que se han construido infraestructuras de transporte de crudo alternativas, ni la situación del régimen de los ayatolás parece tan fuerte como para sostener el pulso a Estados Unidos negándose a un final negociado, que sería lo lógico. El extraordinario rally de las bolsas estas dos últimas semanas y la fuerte caída del petróleo confirman esa opinión, pese a que el ruido dominante ha sido justo el contrario, a saber, que Estados Unidos iba a ser el gran perdedor al haberse metido, se dice, en un conflicto complicado sin medir bien sus fuerzas.
Nuestra visión es que la corrección que han sufrido las bolsas en marzo tiene causas que van más allá de la guerra de Irán y de la subida del precio del petróleo. Es interesante tener esto en cuenta justo ahora, cuando las bolsas se disparan cada vez que parece que el final del conflicto se aproxima. Es interesante porque los factores que realmente crean incertidumbre y que pueden generar correcciones en las bolsas estaban ya ahí antes del ataque a Irán del pasado 28 de febrero y van a seguir ahí cuando la guerra termine. Son factores que los inversores habían empezado ya a valorar antes del 28 de febrero como, por ejemplo, el impacto transversal y disruptivo de la inteligencia artificial, que provocó una gran sacudida bursátil a finales de febrero al publicarse el Informe Citrini, o el fin del multilateralismo y el nuevo modelo geopolítico, una de cuyas derivadas, pero no la única, es la guerra de Irán; o el nuevo papel de los emergentes en el crecimiento, o la profunda transformación desde la economía de servicios a una nueva “economía de las experiencias”, o la irrupción del dinero digital privado como ventaja competitiva. Todos estos factores van a generar volatilidad de forma recurrente y, eventualmente, correcciones en las bolsas, aunque se acabe la guerra de Irán.
El que las correcciones sean más o menos intensas dependerá de cómo los factores mencionados afecten a las cuentas de resultados de las empresas. Y, de momento, los primeros resultados empresariales que se han publicado esta semana han sido, con alguna excepción, muy buenos. Los grandes bancos americanos, que siempre son los primeros en publicar, han superado una vez más las estimaciones de los analistas de forma muy holgada, y lo mismo las empresas no financieras, como Johnson & Johnson, que ha dado muy buenas cifras y muy buen “guidance”. En particular, los beneficios de los bancos americanos han sido espectaculares, sobre todo en el área de los mercados de capitales. Citi ha tenido, en términos de ingresos, el mejor trimestre de su historia y su beneficio ha subido un 42%. El beneficio de JP Morgan ha subido un 13% y el de Wells Fargo un 7%, a pesar de que es un banco que depende más de “Main Street” que de “Wall Street” y que, por tanto, no se ha beneficiado del movimiento de los mercados financieros este primer trimestre.
Pero, como decíamos, el liderazgo de las subidas ha correspondido a las grandes tecnológicas. Desde los niveles mínimos anuales del pasado 30 de marzo, el índice de las “7 magníficas” ha subido un 20%, volviendo a los máximos de fin de octubre de 2025, aunque algunas acciones, como Microsoft, todavía están relativamente lejos de sus máximos. Más de la mitad del avance del S&P en abril viene de siete compañías, a saber: Nvidia, Amazon, Microsoft, Broadcom, Alphabet, Meta y Apple. Y, si nos centramos en esta última semana, la hasta hace poco caída en desgracia Oracle ha subido un 26,8%, Tesla casi un 15% y Microsoft, Palantir y Advanced Micro Devices (AMD) un 14%. Con la excepción de Netflix, que a sus decepcionantes previsiones para el segundo trimestre ha unido la salida de su icónico fundador, Reed Hastings, todas las grandes tecnológicas han subido, incluso las de software como la ya citada Microsoft (+14%), Salesforce (+10%) o SAP (+11%).
Las reflexiones que nos sugiere lo anterior son varias. La primera es que el escenario de “corrección ordenada” que hemos venido manejando parece haber dado paso a un escenario de consolidación de máximos, salvo que los resultados se tuerzan. La segunda es que sin tecnológicas no hay subida posible de las bolsas, porque son el sector líder. La tercera es que los inversores no parecen ver a Estados Unidos como perdedor en la guerra de Irán; al revés, las bolsas americanas son las que más suben. La cuarta es que Europa no parece salir precisamente como ganadora, a nivel bursátil, de la guerra en Irán. Frente a las subidas semanales del 6,8% para el Nasdaq, del 4,5% para el S&P y del 5,5% para el Russell 2000, en Europa solo el Dax sube un 3,8%, y en el caso del Eurostoxx y el CAC las subidas son en el entorno del 2% o incluso menos, el 1,5% en el caso del Ibex. La lectura de lo que hemos visto esta última semana, nos guste o no a los europeos, es que las bolsas han vuelto a dar su apoyo a Estados Unidos y, en cierto modo, al “America First”, frente a la opinión tan extendida en Europa de que Trump va a llevar a Estados Unidos al desastre. No parece que esa sea la opinión de las bolsas a la vista de lo sucedido estas tres últimas semanas y a la vista de los primeros datos del primer trimestre que hemos conocido de compañías europeas, ya que tanto Hermès como LVMH han reportado la semana pasada ventas del primer trimestre por debajo de las estimaciones.
A corto plazo, y dando por sentado que la guerra tendrá un final negociado, lo fundamental son los resultados empresariales. Esta semana presentan sus cifras, entre otras, en Estados Unidos, United Airlines, Blackstone, IBM, Boeing, Procter & Gamble y Tesla. Y en Europa, SAP, Sanofi y Heineken, entre otras. En cuanto a noticias macroeconómicas, se publican las ventas minoristas de marzo en Estados Unidos, así como el índice de confianza del consumidor americano de la Universidad de Michigan, y empiezan a publicarse los PMI preliminares de abril.
Desde un punto de vista técnico, las bolsas, sobre todo las americanas, están en subida libre y las zonas que antes eran zonas de resistencia (6.900-7.000 del S&P) son ahora zonas de soporte; por tanto, debería quedar recorrido al alza. Las señales de “momentum” transmiten una gran fortaleza y, por tanto, es difícil pensar en otra cosa que no sean nuevas subidas. La impresión es que hay muchas posiciones “cortas” y, hasta que no se cierren, no habrá nuevos descensos. Pero, como antes decíamos, Irán no es el único factor de inquietud y, además, con Trump siempre puede haber nuevas sorpresas.
Juan Carlos Ureta Domingo