El tipo de interés del bono estadounidense a diez años (T-bond), al que dedicábamos nuestra sección la semana pasada, cerró el viernes en el 5%, tras haber estado toda la semana contenido en torno a ese nivel, pero sin poder romperlo de forma clara al alza. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sigue, por tanto, consiguiendo de momento su objetivo de que dicho tipo de interés no sobrepase el 5%.
Las dificultades para mantener contenido ese tipo a diez años no han sido pequeñas, sino más bien todo lo contrario, y una de esas dificultades ha sido la decisión de la Fed de subir el pasado miércoles los tipos de interés un cuarto de punto, hasta el 4%. Una decisión que fue acompañada de un tono «duro» en el comunicado posterior, dando a entender que lo normal es que haya más subidas en los próximos meses.
Pese a ello, el tipo de interés del T-bond bajó en la sesión del jueves hasta el 4,94%, aunque finalmente el viernes cerró, como antes decíamos, en el 5%. Pero lo más llamativo, en esta ocasión, tras la subida de tipos y el anuncio de posibles nuevas subidas, no fue la reacción de los tipos de interés, sino la reacción de las bolsas y, en particular, de las acciones tecnológicas.
El miércoles, tras el anuncio de la Fed, el Dow Jones cayó un 1,2%, mientras que el Nasdaq cerró la sesión prácticamente plano (-0,01%), y el jueves las acciones tecnológicas se dispararon, con el Nasdaq subiendo un 1,7%, mientras que el Dow Jones se conformaba con una subida de tan solo la tercera parte, el 0,6%, debida, además, sobre todo a las compañías tecnológicas que forman parte del Dow, como Apple, Microsoft o Nvidia. Finalmente, en la sesión de cierre semanal del viernes, volvimos a ver al Nasdaq subir un 0,4%, mientras que el Dow Jones cayó un 0,18%. En el conjunto de la semana, el Nasdaq ha subido un 0,7%, mientras que el Dow Jones ha bajado un 1,7%.
Esa reacción de las tecnológicas podría sorprender porque se supone que la subida de tipos afecta más negativamente a la valoración de empresas que, como las tecnológicas, deben realizar grandes inversiones y reciben sus ingresos a muy largo plazo. Da la impresión, sin embargo, de que los inversores se fijan más en el lado de los retornos que en el del coste de los recursos y entienden que esos retornos van a ser muy elevados en la nueva era de la inteligencia artificial.
El gráfico adjunto muestra, en su parte final, cómo el Nasdaq ha resistido bastante bien la subida de tipos de las últimas semanas, incluida la de esta semana, en la que, como decíamos, el Nasdaq Composite ha subido un 0,7%. Pero nos ofrece, además, otra lectura muy interesante, que en parte explica también la reacción de las tecnológicas ante la decisión de la Fed. Podemos ver cómo, en abril y mayo, el Nasdaq se dispara al alza, muy impulsado por las empresas vinculadas a la inteligencia artificial, pero en junio y julio sufre un recorte importante, también liderado por compañías de semiconductores y de almacenamiento de memoria vinculadas a la inteligencia artificial (recordemos que alguna, como Sandisk, cayó un 50% en un mes).
Lo interesante es que, tal y como se ve en el gráfico, a partir de agosto el Nasdaq ha entrado en lo que venimos llamando una «corrección ordenada» y está dibujando una banda lateral ligeramente bajista, corrigiendo los excesos anteriores de abril y mayo. Esa corrección se produce con mucha rotación de valores (primero corrigieron las «siete magníficas»; luego, las compañías de semiconductores…) y, a veces, las caídas son bruscas para algunos valores en particular, como en el citado caso de Sandisk. Sin embargo, el resultado conjunto, a nivel del índice, es una corrección ordenada de los excesos.
Esa corrección ordenada es, en nuestra opinión, la mejor garantía de que el ciclo largo de las tecnológicas continúe, si bien quienes deseen invertir en este tipo de compañías deben saber que, a corto plazo, la volatilidad de cada compañía a nivel individual puede ser extrema.
Departamento de Contenidos y Mercados de Renta 4